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2014-09-30

El tonto elogio de la locura.

Enfermedades mentales.

"El genio dramático de Robin Williams no fue producto de su enfermedad mental, su suicidio sí", dice Scott Barry Kaufman hoy en Scientific American.

La extensa mitología que circula acerca de las enfermedades mentales, no sólo es falsa, sino que refuerza el estigma y entorpece la atención de los enfermos.

Existe una tonta idolatría de la locura que procede del desconocimiento y del dualismo más ingenuo. Ya se sabe que un mito es mucho más poderoso que una verdad. Sin embargo alguien debe decir aquello que contradice nuestras creencias cuando ocasionan daño.

Vale la pena recordar una frase de la Dra. Kay Redfield Jamison acerca de Vincent Van Gogh: “La mayoría de las personas con enfermedades mentales no son inusualmente creativas, y la mayoría de las personas creativas no son enfermos mentales”. Sobran los ejemplos en los que la superstición popular atribuye el genio a la locura: Artaud, Kafka, Rimbaud, Alejandra Pizarnik, Ernst Hemingway, Jimy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse y más recientemente Philip Seymour Hoffman o Robin Williams como tantos otros.

Las investigaciones científicas refutan esta creencia en términos epidemiológicos con datos contundentes que se han replicado en infinidad de oportunidades. La enfermedad psiquiátrica es un terrible padecimiento para los pacientes y para sus familias. Es idiota y criminal el elogio de la locura como un signo de actitud contestataria contra el orden establecido y las buenas costumbres burguesas.

El suicidio no es un acto de rebeldía política sino un signo - el más rotundo de todos- de una grave perturbación psiquiátrica. No es apelando a modelos de psicopatología dualistas, hemipléjicos y "descerebrados" que se puede esperar modificar el desenlace fatal de tantos casos. Encontrar una alternativa que otorgue esperanza a los enfermos en un futuro cercano tiene como condición indispensable estudiar -y admitir- los fundamentos genéticos, biológicos, psicológicos y sociales, contemplar en todas sus dimensiones la naturaleza compleja y multideterminada del fenómeno de la muerte por mano propia.

“La mayoría de las personas con enfermedades mentales no son inusualmente creativas, y la mayoría de las personas creativas no son enfermos mentales”.

La crítica social es una actitud legítima pero requiere de mentes lúcidas y saludables para ejercerse. Los genios enfermos lo fueron pese a su patología y no gracias a ella. Quienes profesan esta “idolatría por el demonio” difunden una idea peligrosa que no es producto de ninguna genialidad sino apenas una triste muestra de su arrogante y patética ignorancia.

Nuestras clases medias ilustradas "leen" la excentricidad y hasta la locura como la clave de la genialidad de un artista. Esto habla más de ellas mismas que de aquellos que idolatran. Se sostienen ideas descabelladas como producto de un triste analfabetismo científico alimentado por décadas de culto al outsider y de egomanía de diván. Su actitud no solo es ignorante sino socialmente peligrosa. El culto romántico a la locura es una irresponsable aberración cultural.

La comunicación de los casos de suicidio de personajes famosos debe ser una oportunidad para la educación, la prevención y para desarticular el estigma y las falsas creencias. Ni la morbosidad que viola la intimidad de las personas, ni la celebración encubierta de una tragedia personal contribuyen a la toma de conciencia social sobre el tema.

Solo en los Estados Unidos se suicidan 40.000 personas por año, más que las que mueren por accidentes de tráfico (34.000), o por cáncer de próstata (29.000) y más del doble de las que son asesinadas (16.000). Se suicidan más ex-combatientes de la guerra de Irak que los que murieron en el campo de batalla.

Uno de los colectivos profesionales con más alta tasa de suicidios es el de los médicos entre quienes se producen unas 400 muertes al año en ese país, más que una escuela de medicina completa. Los resultados combinados de 25 grandes estudios muestran que el suicidio entre médicos varones es 40% más alto que en la población general y entre médicas es 130% más frecuente.

En general hay más intentos de suicidios entre las mujeres pero más resultados fatales entre los hombres en todas las poblaciones analizadas. Si bien la mayoría de las personas que se suicidan padecen depresión (350 millones en el mundo según la OMS), menos del 4% de los pacientes depresivos se suicidan. Se reconocen una cantidad de circunstancias que potencian esa posibilidad, entre ellas: padecer trastorno bipolar, episodios depresivos mixtos, adicciones como comorbilidad psiquiátrica y la pobreza como factor social.

Es precisamente el grupo de edad al que pertenecía Robin Williams (45 a 64 años) el que presenta la tasa más alta de suicidios superando incluso a los jóvenes y a los ancianos. Las muertes autoprovocadas en este grupo etáreo han aumentado en los EE. UU 40% en la última década (datos del CDC) reportados en The Wall Street Journal.

"La locura no libera de nada, muy por el contrario, es una cárcel feroz que encadena la existencia, oscurece la razón, mutila el talento y nos aísla de los otros"

El elogio de la marginalidad del enfermo mental proferido desde un bar de Palermo Hollwoodo desde las páginas de alguna revista cultural es un insulto. Los auténticos marginales son los millones de personas que hoy en el mundo viven en condiciones infrahumanas, sin acceso a las condiciones básicas de dignidad, por fuera de los sistemas de salud y que padecen y mueren a edades inadmisibles.

Miles de enfermos mentales deambulan por las salas de los hospitales psiquiátricos buscando soluciones reales -y no imaginarias o meramente discursivas- para sus devastadoras patologías. Sus familias buscan desesperadamente atenuar el padecimiento de la persona que aman. No son héroes sino víctimas. La locura no libera de nada, muy por el contrario, es una cárcel feroz que encadena la existencia, oscurece la razón, mutila el talento y nos aísla de los otros. Pero a ningún pseudo-intelectual postmoderno, idólatra de la locura, del suicidio redentor o de la manía creadora se la ha ocurrido jamás que ni la creatividad, ni el genio, ni la rebeldía son producto de la enfermedad sino de la salud.

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